Quinto monólogo de Hildegarda de Bingen. Os enseño y decido.(Número 3)

Si Dios habla por mi boca, yo llevo conmigo mi monasterio donde Dios me lleve.

Él me dió la potestad, y el dominio de esta Abadía. Yo la guardo, y dispongo que cada monja cumpla su cometido. Cada mujer, estela de un mosaico que sólo Cristo teje.

Y ese poder, que no mengua, que forma parte de mí y me posee, me llevó a liberar al noble que se arrepintió, enterrándole en mi propio lugar, por su amor a Dios.

Que Dios me juzgue, y nadie más.

@teatrodelosciclos S.K.

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