Segundo monólogo de Hildegarda de Bingen. Una nueva lengua ignota. (Número 1)

Dios me inspiró su melodía, y yo inicié una nueva lengua, que vibrara al compás de lo ignoto, que expresara la armonía del creador.

Veintitrés nuevas letras surgieron en mi mente. Un ángel tocando el violín las inspiró.

Hallara yo el modo de hablar de lo terreno.

Hallara la forma de inundar las cosas visibles con el bálsamo de Dios.

Ciudad terrena, reflejo de la Ciudad Celeste.

La lengua de Dios no puede ser aprendida.

La lengua de Dios inspira una nueva creación.

@teatrodelosciclos S.K.

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