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Monólogos espirituales para círculos de mujeres

  • En el monólogo somos tod@s

    En el monólogo somos tod@s

    Te invito a leer, meditar y abrirte a tu experiencia. Cuando recitas un monólogo en voz alta, conectas con los sentimientos, las emociones y las experiencias de toda la humanidad.

    @teatrodelosciclos es un espacio para la creatividad, la universalidad y el regreso al ser.

  • Novena a María Magdalena

    Compartimos nueve días de oración a María Magdalena en el canal de Telegram.

    Hasta el 22 de julio.

    ¿Sientes la llamada?

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  • Espiritualidad escrita desde la experiencia

    Esta reseña de #librosporvivir de una de mis obras me ha parecido muy interesante. Estoy muy agradecida.

    Me gustaría hacer algunas aclaraciones para que se comprenda que todas mis decisiones narrativas fueron conscientes y motivadas, si bien, como indica la reseñista del blog, es necesario que los lectores conozcan las características de la obra,  antes de adentrarse en su lectura.

    Con respecto al género, se trata de un ensayo narrativo. En estas obras los autores incluimos nuestra experiencia personal. En mi caso concreto, quiero mostrar a través del relato autobiográfico que la vida me ha llevado a conocer el camino del amor espiritual y que este hecho es incluso más importante que mi formación y el estudio bibliográfico.

    Sobre las repeticiones de temas: la estructura en espiral implica volver a pasar por los mismos sitios desde otra perspectiva. Se asemeja a un mantra y, tal y como indica la reseñista, se trata de un estilo contemplativo.

    La prosa con una función poética muy acusada me permite,  entre otras cosas, conectar con la función neutral de la mente de los lectores, que es una síntesis entre el conocimiento y la intuición. De esta forma, se ofrece a la lectura una invitación a la pausa y la reflexión, que permite al lector hacerse nuevas preguntas frente a la avidez de la mente positiva por encontrar todas las respuestas.

    En resumen, puede considerarse un ensayo experimental que pretende potenciar la activación del hemisferio cerebral derecho de quienes lo leen.

    En fin, todas las decisiones narrativas las tomé con el fin de ofrecer un libro que expresara todos los aspectos de mi experiencia desde la voz de mi consciencia.

    Puedes leer esta magnífica reseña, completa, en este enlace:

    Espiritualidad escrita desde la experiencia
  • De la cueva al útero

    De la cueva al útero

    Las cuevas son un lugar privilegiado para el registro arqueológico por su morfología. Son  receptáculos que protegen los restos materiales de las inclemencias del tiempo, especialmente de los efectos de las radiaciones ultravioletas, las oscilaciones térmicas y el viento.  De esta forma, albergan los restos de animales que las usaron como refugios, así como la cultura material de los primeros homínidos que las ocuparon como habitaciones temporales.

    Las cuevas son yacimientos con estratigrafías muy completas. Un lugar importante para la memoria de la vida, también la humana, a partir del momento en que los primeros homínidos fueron capaces de prender una chispa y mantener el fuego para ver en la oscuridad.

    En el ámbito de lo simbólico, su forma física, su oscuridad y su humedad las relaciona con nuestro órgano gestante. Las cuevas son el lugar más parecido a nuestro útero, el órgano físico que solo habita en las mujeres custodia nuestra memoria emocional. Situado en el segundo chakra, el útero guarda un registro de la historia de nuestros vínculos, en especial los sexuales, y al ser tránsito de los óvulos, hogar de embriones y fetos, es nuestro origen y el comienzo de toda la vida.


    Toda mujer fue un día un proyecto, un ovocito en el útero de su abuela materna.
    El descubrimiento del ADN mitocondrial, transmitido por vía materna, tiene un valor determinante por demostrar que existe un rastro físico imposible de eliminar, ni siquiera con la desaparición de los padres.  En la mitocondria de nuestras células se transmite una pequeña fracción de genes que permanece inalterada a lo largo del tiempo. Nuestras células proceden de la división del óvulo fecundado, sí, pero contienen una huella que va más allá de él.

    El índice de abuelidad demuestra que es posible conocer a nuestra abuela sin haber conocido a nuestra madre biológica. El óvulo materno es el transmisor, pero la información que porta le precede. El lugar físico depositario de la gestación lo es también de la transmisión,  porque es el continente que conecta a tres mujeres.


    La parte estable de nuestros orígenes es invisible, periférica en nuestras células e inalterable, pues no puede ser violada por los agentes del olvido, las estructuras jerárquicas que luchan por destruir nuestro origen natural para construir uno artificial, más propenso a someterse a su poder. Los poderes políticos y religiosos no pueden borrar la memoria de nuestra matriz.

    Nuestra intuición hace memoria porque el corazón es una senda hacia la verdad. Quizás no reconozcas tu voz en las voces de tus hermanos, o  desde siempre te hayas preguntado por tus orígenes. No te has conformado con llamar a una mujer «madre». Quieres saber por qué ella es tu madre y por qué es hija de su madre.

    Ese interés, que podemos definir como espiritual, pues no hay sentido sin conocer los orígenes, se traduce en el plano físico en el ADN, la huella genética invisible que nos aproxima a unas personas más que a otras. Nacidas o no nacidas. Sabemos por nuestra abuela quién fue nuestra madre ¿Y cómo se unen hija, madre y abuela con sus bisabuelas y tararabuelas? Por ese hilo invisible que nos lleva al punto de convergencia, la única mujer cuyo linaje llega hasta nosotros, la homo sapiens moderna, la Eva mitocondrial. Por ese mismo ADN. El mito de la primera mujer tiene una historia real, pero es diferente a la del mito bíblico. Ella no estaba sola, ni fue la primera. No es la primera en el tiempo. Convivía con otras mujeres. Simplemente es la única mujer cuyo linaje femenino tiene continuidad en nuestros días. No se conservan sus restos, pero su memoria no está solo en nuestras emociones. Sabemos con certeza que estamos unidas a una sola mujer que no estaba sola: la ancestra única que nos convoca a hombres y mujeres. Sin embargo, el hecho de saber que estamos unidos, que siempre estaremos unidos por un útero, no anula nuestro derecho a saber quién fue nuestra madre, pues ambas, madre biológica y mitocondrial, constituyen nuestro origen.

    El índice de abuelidad permite que las víctimas de secuestro de las dictaduras conozcan a sus familias biológicas. La Eva mitocondrial las une a sus familias adoptivas, con el hilo de un posible perdón.

    S.K

  • La lectura como diálogo

    La lectura como diálogo

    El lenguaje humano nace del pensamiento, y este solo puede volverse consciente en nuestra especie: la humana, única entre las especies animales por su capacidad de consciencia. El lenguaje es siempre un acto de comunicación, y en la lectura, quien recibe el mensaje se sitúa frente a palabras escritas por una consciencia distinta a la suya.

    Aunque el lenguaje escrito es más difícil de interpretar que el oral, abre un espacio para la pausa, para la reflexión. El lector representa el mensaje en su pensamiento, y la imagen que pinta en su lienzo interior no se limita al estímulo sensorial provocado por la secuencia de palabras. Esa imagen se amplifica, se transforma, y poco a poco se convierte en parte de él, por los recuerdos que ha despertado y por la novedad que ha revelado.

    El mensaje, como una botella que llega a una orilla, se completa de forma única: solo el lector, por su experiencia y sus características irrepetibles, puede construir esa imagen concreta de la vida que está leyendo. Su orilla lo acogerá como ninguna otra, y en ella se producirá una nueva experiencia.

    Lo que vincula su lectura con la de otros lectores es el marco espacio-temporal, que en la literatura se evoca a través de otras artes: la pintura y la música. El color representa el espacio como lugar de manifestación de la luz; el ritmo, el verbo o las repeticiones evocan la música, que sugiere el tiempo. Así, el lector se representa una escena como si fuera un cuadro sinfónico.

    En esa escena, el espacio intuitivo permite superar los límites del tiempo y del espacio. El símbolo, entonces, juega un papel relevante como transmisor universal del mensaje que llega a la vida particular y única del lector, y se bombea con pasión como sangre que recorre las venas del único cuerpo de todos los lectores que han sido, son y serán.

    Los símbolos subyacen en todas las escenas que se escriben, aunque no se elijan conscientemente.

    Pero, ¿es esto suficiente? ¿Cómo se facilita la comunicación entre autor y lector? ¿Cómo ayudar a que la botella llegue a la orilla y no se pierda en el océano infinito de la consciencia?

    Entre todas las técnicas posibles, el relato de la propia vida y el uso de la primera persona favorecen la identificación del lector con el espacio de conciencia. Una emoción, en su momento presente y real, cautivó al autor y se convirtió en sentimiento. Esa impronta se conserva en diarios y memorias.

    Sin embargo, existe el riesgo de transmitir de forma unívoca el pensamiento del autor, y entonces solo sería un discurso. Para evitarlo, el escritor puede pintar un cuadro impresionista, con el fin de que la escena representada se amolde al lector. La escena se sugiere desde lo más significativo, desde su relieve. Así, se representa lo más próximo a la consciencia humana cuando esta trasciende la realidad física.

    Entonces, quien lee sabe que contempla un lago cuyas aguas se mueven, aunque quizás no identifique qué lago es en concreto. Hay un espacio y un tiempo, porque la referencia es la vida, pero no es necesario saber de qué espacio y tiempo se trata. Estamos hablando de literatura, no de historia ni de periodismo. No se trata de saber qué pasó y dónde, sino de que algo nos sucede.

    Esto ayuda al lector a contemplar su propio lago en su mente y a olvidarse del autor, del lugar y del cuándo. El lector contempla su propia imagen, aunque no haya visto el mismo lago ni vivido la misma experiencia. Llega un recuerdo, aunque no recuerde el tiempo ni el espacio. El acto de comunicación se produce. El mensaje va más allá de cualquier intención del autor o autora. El relato autobiográfico se pone al servicio de las conciencias de los lectores y lectoras, y se abre al imprevisto, a la intuición y a la neutralidad. Las creatividades se despiertan y dialogan. La contemplación es mutua.

    En una frase que podríamos definir como estática y eterna —“el alma es bella”— los lectores imaginan a la Venus de Botticelli, un monje persiguiendo una sombra nocturna, una esfinge en una moneda dorada o un caballo galopando en una verde pradera. Sean conscientes o no, su cerebro produce imágenes únicas para cada uno de ellos. Y, sin embargo, cualquier lector, sea religioso o ateo, reconoce esa frase como una verdad universal, que no necesita ninguna palabra adicional para ser comprendida por personas de diferentes culturas y credos.

    Esa es la magia del lenguaje. Y alguien tiene que descubrirla.

    La literatura nacida de la consciencia que trasciende, se convierte en un acto de contemplación recíproca entre escritor y lector. El mensaje se desprende de su origen y se abre al lector como una posibilidad viva. No importa el lugar ni el tiempo; importa que algo nos sucede.

    Nota: En este texto he optado en varias ocasiones por no emplear el género por fluidez y para evocar el sentido arquetípico del lector que tiene una experiencia similar en lo que se detalla en el texto, independientemente de su género.

    S.K

    Bibliografía

    Gordillo, F. (2022). Ensayo sobre las palabras. Barcelona: Ediciones Obelisco.

    Pueyo, C. M. (2024). La creación y la recepción literaria como experiencia cerebral multisensorial. Tropelías: Revista de Teoría de la Literatura y Literatura Comparada, (Número Extraordinario 10), pp. 97–112.

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