Sin categoría, Templos en la tierra

El jardín de Inanna

El zigurat de la ciudad de Nippur es una escalera que te lleva al centro de tu corazón.
En el núcleo del mundo, el lugar entre ríos, se elevan carruajes por sus rampas, caminan míseros y opulentos, atletas y lisiados, fervores y tristezas; se elevan poco a poco hasta el cielo, encontrando descanso en los rellanos, un aliento reconfortante al detener sus pasos y contemplar la ciudad a la que pronto regresarán.
Yo, Inanna, diosa de todas las cosas, reina del cielo, quise reinar en mi templo para igualar a los humanos con los dioses, y en la cúspide de esta pirámide plana establecí mi jardín.
Entre fuentes de manantiales, lluvias rosadas y árboles virtuosos, el descanso y la paz reinaron para ellas y ellos, en este templo de mi recreo que derramó todo mi amor a la ciudad de Nippur.
Borbotones de aguas calientes me recordaron que pronto se dispondría mi descenso, pero antes sellé mi pacto con la humanidad. En mi templo sois todos iguales y no hay que despertar del sueño sagrado de la vida. No hagáis la reverencia, si lo más sagrado es vivir. ¡Vivid aquí, en mi jardín!, ¡no os vayáis! Que mi asiento de madera os recuerde a los árboles de mi trono. Sabed estar, aun llorando afligidos, en este santo lugar. No hay postura que sostener. Sólo descanso que abrazar. ¡Recordad a Inanna!

@teatrodelosciclos S.K.

#Inanna #ReinadelCielo #EljardindeInanna #Sagradofemenino #Circulosdemujeres

Sin categoría, Templos en la tierra

Ciclo templos en la tierra

Parece una obviedad que un templo es un lugar en la tierra, pues es un espacio sagrado entre nosotros. Sin embargo, muchas personas han acudido a un templo y, en sus visitas al espacio consagrado, no han tenido una experiencia de conexión con la Divinidad. Así pues, un templo, por el mero hecho de nombrarse, no cumple necesariamente su función. Es importante que nos suceda algo más para vivir la experiencia sagrada.

Mi primera conexión consciente con lo divino sucedió cuando tenía 15 años, y fue en la montaña, sin intervención de un espacio creado específicamente para el encuentro sagrado. Había acudido a la iglesia muchas veces, pero aún no me había tomado la certeza de que la vida tiene un significado profundo, un sentido sagrado que nos trasciende. Para mí, por tanto, la primera experiencia de iglesia fue una convivencia en la naturaleza, en una acampada. Aquel verano comprendí lo que era una iglesia, pues las palabras no adquieren significado hasta que vivimos su sentido a través de una experiencia personal, un acontecimiento que reconstruimos con la cabeza y revivimos por el recuerdo de la experiencia sensorial que tuvimos. A este lugar para el encuentro con lo sagrado, en este ciclo de monólogos, lo llamo Templo en la Tierra. Un acontecimiento que puede producirse en un lugar natural, o construido, en el que somos acogidas por un amor tan grande que propicia nuestro descanso, al despertar la paz que nos habita. En el templo en la tierra tod@s somos acogidos, pues es un reflejo tangible del corazón humano, el núcleo de nuestra existencia en este plano, la tienda celeste que acampa entre nosotras y genera una comunidad que trasciende los egos y los guiones de nuestras vidas. Este templo se manifiesta de diversas formas, pero siempre despierta nuestros sentidos a través del aroma de los alimentos, las plantas, las flores; del sabor del pan que nos nutre, la sal, el té y el caldo; los colores de las paredes, las ropas y los cuadros, y el sonido de los tambores, arpas y flautas. Es un lugar que todos los seres humanos (hombres, mujeres, género neutro) pueden tocar para recordar, cuando regresen a sus hogares, que la vida está llena de belleza. Un espacio para el recuerdo y la celebración.

Inauguro este ciclo recordando el jardín de Innana en la ciudad de Nippur. Un monólogo que he escrito tras conectar con la energía de la diosa, invocando el equilibrio de polaridades de este nuevo equinoccio. El jardín de Inanna tenía su lugar en la tierra, ubicado en la cúspide del templo, que según las últimas investigaciones (Rodríguez Marco, Gabriel:2016) fue probablemente un jardín accesible a la sociedad nippuriense como espacio de belleza que unía lo natural y lo urbano, a hombres y mujeres, a ricos y a pobres. Un lugar sagrado para la igualdad, o la equidad. Lo más parecido a un parque contemporáneo investido de sacralidad.
En mi próxima publicación, Bienamada, que estoy escribiendo poco a poco, desde la memoria sensorial, reencontrándome con mi historia espiritual, hablaré también del jardín de Innana. Es un símbolo poderoso que nos ayuda a concebir el templo como un trozo de cielo experimentable en la tierra. Una metáfora de la comunidad espiritual como cuerpo, expresión tangible de lo divino en todas sus facetas.
Completaremos este ciclo con otros templos históricos y actuales. Templos en la tierra, espacios de conexión que superan el vacío, la jerarquía y el olvido con un manto amoroso que nos acoge; el recuerdo de la comunidad pacífica que podemos llegar a ser, un lugar para descansar un día de la semana y afrontar el trabajo de los nuevos días con una nueva consciencia.

#Templosenlatierra #EljardindeInanna #comunidadespiritual #inclusión #equidad

Ciclo heroína, Sin categoría

Un horizonte diáfano

Quizás yo no parecía una pintora, pero algo debí de parecerle cuando acabamos en su casa a las tantas de la madrugada…
Y así empezó lo nuestro.
A la mañana siguiente, acudimos juntos a la facultad y, poco a poco, nos dimos cuenta de que no podíamos despegarnos el uno del otro.

Los contactos de Rodrigo me permitieron exponer uno de mis cuadros por primera vez. Una mujer, de espaldas, giraba su cabeza para mirar al espectador en una playa luminosa con un horizonte diáfano. Gustó mucho a algunos críticos que lo calificaron como «original y con una gran perspectiva». Así que yo estaba muy contenta y, no paraba de soñar con el siguiente viaje, la siguiente visita, el siguiente vuelo a una ciudad de leyenda de Europa, o al MOMA de Nueva York. Me sentía enamorada y llena de ilusiones. No creía que aquello pudiera estar sucediéndome a mí. El éxito y el amor iniciaban mi andadura universitaria.

Ciclo heroína, Sin categoría

Frente a un cuadro

Contemplaba un cuadro de kandinsky en el Reina Sofía y, él apareció.
Lo primero que escuché fue su voz profunda:
«creo que te he visto en los pasillos de la facultad», me dijo. Me giré y ví los ojos grises más bellos que había visto en mi vida. Rodrigo me contó que estaba estudiando el doctorado, y que iba a abrir una galería de arte con unos amigos. Decidí aceptar su invitación a un café y, ví el cielo abierto sobre mis pies.
No quise dejar volar demasiado mi imaginación, pero no pude evitar ver alguno de los cuadros, que yo estaba empezando a pintar, colgado en una exposición en esa galería que Rodrigo estaba proyectando.
Fue una conversación que se alargó hasta la hora de cierre del local que asistía a nuestro primer encuentro. Al día siguiente, Rodrigo vino a la habitación que disponía de mis horas de pintura; estaba muy contenta, pero me llevé una pequeña decepción. Fue sincero y, tras observar detenidamente mis cuadros, me dijo que no veía en mí a una pintora, sino a una mujer sensible que estaba buscando su lugar en el mundo.

Ciclo heroína, Sin categoría

El dilema

Lo cierto es que yo quería lanzarme a experimentar con mis pinceles, pero no tenía dinero para hacerlo…
Andrea había tenido más suerte que yo…
Un día decidí visitar la facultad de Bellas Artes, y a pesar del agobio que supuso pensar en los rigores del academicismo, sentí que la Universidad era mi única coartada para elegir mi propio camino y cumplir mi sueño algún día.
Los deseos de mis padres se verían satisfechos de algún modo. Tenía que conseguir una licenciatura para que ellos aceptaran que yo no fuera a continuar con la tradición familiar.
Así que una tarde me armé de valor y, convoqué una reunión familiar. Ellos me escucharon atentamente mientras yo les contaba que quería dedicarme al mundo del arte. Decidí no darles demasiados detalles acerca de mis planes…sólamente les hablé de mi visita a la facultad y de mi deseo de estudiar Bellas Artes. Por supuesto, se sintieron muy contrariados, pero no se atrevieron a hablarme de la empresa…no mencionaron a mis primos, que ya estaban trabajando en ella, ni tampoco hablaron de la carrera de Económicas, con más salidas y utilidad.
Simplemente me dijeron que el arte era una afición, y no una profesión. Una labor para el tiempo libre, que nada tenía que ofrecer a la mayor parte de las personas.
Lo cierto es que su discurso me dolió bastante. Yo, su hija, ¿no tenía nada que ofrecer?
Mi decisión estaba tomada y, me dolía no disponer de mi propio dinero para emprender mi camino lo antes posible.