Ciclo heroína, Sin categoría

El dilema

Lo cierto es que yo quería lanzarme a experimentar con mis pinceles, pero no tenía dinero para hacerlo…
Andrea había tenido más suerte que yo…
Un día decidí visitar la facultad de Bellas Artes, y a pesar del agobio que supuso pensar en los rigores del academicismo, sentí que la Universidad era mi única coartada para elegir mi propio camino y cumplir mi sueño algún día.
Los deseos de mis padres se verían satisfechos de algún modo. Tenía que conseguir una licenciatura para que ellos aceptaran que yo no fuera a continuar con la tradición familiar.
Así que una tarde me armé de valor y, convoqué una reunión familiar. Ellos me escucharon atentamente mientras yo les contaba que quería dedicarme al mundo del arte. Decidí no darles demasiados detalles acerca de mis planes…sólamente les hablé de mi visita a la facultad y de mi deseo de estudiar Bellas Artes. Por supuesto, se sintieron muy contrariados, pero no se atrevieron a hablarme de la empresa…no mencionaron a mis primos, que ya estaban trabajando en ella, ni tampoco hablaron de la carrera de Económicas, con más salidas y utilidad.
Simplemente me dijeron que el arte era una afición, y no una profesión. Una labor para el tiempo libre, que nada tenía que ofrecer a la mayor parte de las personas.
Lo cierto es que su discurso me dolió bastante. Yo, su hija, ¿no tenía nada que ofrecer?
Mi decisión estaba tomada y, me dolía no disponer de mi propio dinero para emprender mi camino lo antes posible.

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