La muerte es el regreso al hogar.
Mi sangre lunar cesó, como tampoco estaba en mis inicios.
Mi nombre no se olvidó, porque yo fuí, y estuve, en aquella tienda roja que conciliaba a mis madres, en aquel tejido grueso que cubría la piel de mis sobrinos, en la paja que recogía mi sangre, en el amor que me profesó Shalem, y el que me tiene Benia, en el hijo que parí y en las historias que vivimos de verdad.
Mi vida fue la que elegí, cuando pude decidir con el corazón, y amar también la que no elegí, pues de ella soy.
Mi hogar está siempre conmigo, y en él me quedaré.
S.K @teatrodelosciclos
