La película El último mohicano, antes que una historia de aventuras o de guerra, es una historia de amor.
Asistimos a la unión de Cora, la hija del Coronel Munro, y Nathaniel, el hijo adoptivo de quien, cuando pierda a su hijo biológico, será el último de los mohicanos.
Lo que une a Cora y Nathaniel es la frontera que él habita, a la que ella acude para encontrarse con su padre. En esa frontera, los últimos testigos de un pueblo aniquilado por sus semejantes están condenados al ostracismo y no cuentan con más protección que su destreza en la caza y las demás artes de la supervivencia, si bien añoran el arraigo de una familia.
Cora se presenta como una mujer que quiere decidir su destino y Nathaniel, en el ambiente bélico que comienza a aniquilar su universo nómada, camina hacia el oeste, manteniendo su decisión de no obedecer a los mandos británicos, y no se suma a la guerra hasta que comprende que ya no puede evitar la lucha, pues quiere proteger el futuro de sus amigos colonos. Sin embargo, recula en su intención de combatir fuera de un fuerte cuando se da cuenta de que está enamorado de Cora y no quiere dejarla.
El nacimiento de su amor se retrata en la cinta de forma magistral. La reacción de Nathaniel al asesinato de una familia amiga en una escaramuza bélica de los indios ottawa, cuando se dirigían al fuerte, pone en jaque la moral de Cora, atrapada en su mundo mental y su vestido ceñido. Ella quiere cavar una tumba para unos desconocidos, él quiere contemplar a sus amigos en el cielo. Cuando ella, llena de su convicción, le interpela por su indiferencia él se muestra como el habitante de frontera que es, quien conoce el medio, la guerra y sus peligros, y vive dejando atrás para burlar a la muerte y evitar el enfrentamiento. Ella interroga y él responde. Su pregunta la convierte en una excepción entre los urbanitas: una clase de la que él procede como blanco, pero desconoce como indio. Ella desea comprenderle. Cuando él se explica, Cora reconoce que el nuevo mundo es fascinante porque es capaz de amar sin aferrarse a lo que ama. Nathaniel arriesga su vida por quedarse junto a Cora. Bastará un cruce de miradas en la enfermería del fuerte devastado para que busquen un lugar donde amarse, cubiertos por el son de Gael que una banda toca en la noche de ese mundo hostil, en el que ya no es posible descansar, para que adquiera el ritmo de la vida y la fuerza de la luz. Pocas veces Hollywood ha reflejado un amor tan puro en tan pocos minutos.
El final, con una separación necesaria, un salto de cascada de Nathaniel en busca de pólvora con la que abrir paso a una esperanza, se convierte en una carrera contra la muerte que se cierne sobre ellos como el precipicio junto al que corren sin cesar. La supervivencia de los amantes y del último mohicano es un milagro que nace de aquella esperanza que no se sembró con pólvora, sino con la palabra de Nathaniel: un hombre libre que se presenta ante el jefe hurón, intenta remover su conciencia e implora clemencia.
—Tú sálvate
—Tú mantente viva. Te encontraré allá donde estés.
S.K
Mann, M. (1992). El último mohicano. 20th Century Fox

