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  • Jerusalén

    Jerusalén

    Nadie recoge un cohete o misil sobre un hospital en Gaza.

    Si fueran hombres, no tendrían problema en decir: «fuimos nosotros».

    Si fueran hombres, no ocultarían su intención bajo polvo de escombro y luz de desierto.

    Si fueran hombres, no cortarían el paso, a ningún humano, al pozo de Samaria.

    Nadie visita un templo que expulsa a sus habitantes.

    Si fuera un templo, la luz del día no le haría sombra.

    Si fuera un templo, en la noche sería cobijo de refugiados.

    Si fuera un templo, no estaría en Jerusalén.

    Nadie mira al futuro cuando asesina.

    Quien afirma la vida, entiende el curso de la muerte.

    Quien afirma el poder de la palabra, convoca el futuro con ella.

    Quien afirma el poder de la palabra, arroja el fusil.

    S.K.

    #templosenlatierra #Gaza #guerraypaz

  • Los orígenes de la diosa del amor

    Los orígenes de la diosa del amor

    Surgida de la espuma, siendo la última hija de Urano, la diosa del amor arribó a la costa de la isla de Chipre para nacer.

    En esta gran isla, puente entre Oriente y Occidente, encontramos un legado arqueológico vacío de estereotipos y lleno de sugerencias acerca de la verdadera naturaleza de la diosa.

    El ancestro de Afrodita lo encarna una figura llamada «la dama de Lemba» que, lejos de representar a una bella mujer en la plenitud de la vida, muestra un cuerpo sin rostro que solo tiene sexo. Incluye los atributos sexuales femeninos y masculinos. Es decir, es una diosa completa, pues en ella conviven los dos sexos, los dos pares de opuestos que, al unirse, originan la vida.

    Las polaridades nacen de la mano, están unidas en el origen, aunque nuestra mente racional necesite separarlas para comprender la realidad. En el mismo instante en que una nueva vida comienza, rompe la unidad que conformaba con el vientre de su madre, para iniciar un camino de separación en búsqueda de una identidad y un destino. En este sentido, volver al origen implica afrontar la muerte de ese ser independiente y la forma corpórea de realizar este camino es el acto sexual, la cópula. En la antigüedad, hacer el amor era algo más que un acto placentero de la unión de dos cuerpos; con frecuencia era la antesala de una posible muerte de la mujer en el parto, pero también la promesa de una nueva vida. En estas claves comprendemos que, en Mesopotamia, la diosa del amor, Inanna, iniciara un viaje de transformación para convertirse en la reina del inframundo y al mismo tiempo en la líder de la lucha de los pueblos por hacerse con los recursos más preciados, a través de la guerra. La comida y los bienes materiales tienen el valor de la vida, y entonces no se daban por supuestos. Había que luchar por conseguirlos y confrontarse por la pulsión de la vida.

    Regresando a Chipre, encontramos un valor sin igual que convertía a la isla en un objetivo valioso que llamaba a la conquista, un objeto de deseo que movía instintos tan básicos como el sexo: el cobre, que da nombre a la primera edad de la Historia; una especie de oro rojizo que da nombre, también, a la isla en la que abunda; un metal preciado que tiñó el color de los cabellos de Afrodita.

    Algo más tarde, durante el primer milenio antes de Cristo, la diosa chipriota adquiere características femeninas y zoomorfas y es posible asociarla con los preciados perfumes que surgen al mismo tiempo de los recursos naturales y los productos obtenidos del comercio de la isla con otras regiones. En ocasiones, la diosa chipriota tomará la forma de la egipcia Hathor, otra evocación de la diosa del amor.

  • El templo dorado

    El templo dorado

    ¿A dónde vas tan temprano?
    Al corazón del estanque conformado.
    Contemplo las escenas de la guerra de la vida, las hogueras matinales en las calles, los periódicos en reparto.
    En las calles difusas, en la lentitud del alba de Amritsar, a algunos nos alienta la premura de recibir el prasad.
    ¿ Y dónde vas a almorzar?
    En el langar, en el  descenso al cielo;  entre pasos desnudos, velos y turbantes de colores, quiero comer del mismo puchero, quiero ser hermana de quienes sirven aquí, ¿a dónde más voy a ir?
    ¿A dónde ibas al atardecer?
    A preguntar a la anciana tejedora,
    a recibir su sonrisa que pronuncia el nombre del Guru.
    A escuchar su voz entre retales de colores y tiendas de bazar, a caminar entre mercados,  hasta sentir el suelo de mármol,a entregar mis sandalias al servidor de la paz, a recibir su caricia, a que su voz me penetre hasta el hueso y me deje quieta, a templarme en movimiento recitando las vueltas; parada, mirando el templo dorado.
    A llenarme de la vida silenciosa que no se puede destruir.

    S.K @teatrodelosciclos
    #monólogoscondialogo #templodorado

    PD: Aunque haya un diálogo, se aconseja representarlo con un solo personaje en diálogo consigo mismo/a.

  • El jardín de Inanna

    El jardín de Inanna

    El zigurat de la ciudad de Nippur es una escalera que te lleva al centro de tu corazón.
    En el núcleo del mundo, el lugar entre ríos, se elevan carruajes por sus rampas, caminan míseros y opulentos, atletas y lisiados, fervores y tristezas; se elevan poco a poco hasta el cielo, encontrando descanso en los rellanos, un aliento reconfortante al detener sus pasos y contemplar la ciudad a la que pronto regresarán.
    Yo, Inanna, diosa de todas las cosas, reina del cielo, quise reinar en mi templo para igualar a los humanos con los dioses, y en la cúspide de esta pirámide plana establecí mi jardín.
    Entre fuentes de manantiales, lluvias rosadas y árboles virtuosos, el descanso y la paz reinaron para ellas y ellos, en este templo de mi recreo que derramó todo mi amor a la ciudad de Nippur.
    Borbotones de aguas calientes me recordaron que pronto se dispondría mi descenso, pero antes sellé mi pacto con la humanidad. En mi templo sois todos iguales y no hay que despertar del sueño sagrado de la vida. No hagáis la reverencia, si lo más sagrado es vivir. ¡Vivid aquí, en mi jardín!, ¡no os vayáis! Que mi asiento de madera os recuerde a los árboles de mi trono. Sabed estar, aun llorando afligidos, en este santo lugar. No hay postura que sostener. Sólo descanso que abrazar. ¡Recordad a Inanna!

    @teatrodelosciclos S.K.

    #Inanna #ReinadelCielo #EljardindeInanna #Sagradofemenino #Circulosdemujeres