Ciclo de la Madre Tierra

La tierra es el lugar en el que vivimos y experimentamos esta existencia. En el plano físico, la tierra es nuestro hogar y nos nutre con alimentos y prana. Nuestro cuerpo pesa, cae sobre la tierra. Aunque estemos en el Polo Sur, nuestra sangre cae a la tierra, a nuestros pies, y así podemos vivir en ella. Nuestra vida nos es dada gracias al equilibrio de los cinco elementos que nos conforman a nosotros y a nuestra madre tierra; el agua de vida y origen, el calor del fuego, el aire que respiramos y la armonía de nuestro espíritu encarnado. Sin ese equilibrio no podemos vivir. Nuestro corazón bombea la sangre, desafiando la fuerza de gravedad, clamando por nuestra identidad a la madre tierra; que sigue su propio ritmo circulatorio, nutriendo, reciclando y sanando a todos los seres. La tierra es un sistema vivo que opera en simbiosis con el hermano Sol y la hermana Luna, guardianes de la luz y la sombra que se turnan, para que la vida tenga lugar.
La existencia en la tierra es un suspiro en la eternidad, y sin embargo, podemos hacernos dueños de ella. Por eso la tierra clama para que la escuchemos: mares llenos de plástico, calentamiento global acelerado por la intervención humana, pérdida de fertilidad, dificultades para acceder al agua potable, contaminación, envenenamiento, destrucción.
Está en nuestras manos valorar el regalo que hemos recibido. La tierra es nuestra madre para siempre, pues sin ella no podemos vivir.

Con esta primavera que se aproxima, os invito a leer y reflexionar en grupo sobre lo que le está sucediendo a la tierra como espacio de vida. Estos meses escribiré un nuevo ciclo de monólogos sobre la emergencia de tomar conciencia de nuestra responsabilidad con la madre tierra. Los últimos meses, el ciclo versará sobre la naturaleza del espíritu de la tierra, un espíritu orgánico que nos habla desde una sabiduría fraguada durante millones de años, que nos muestra de forma imponente que el universo quiere acogernos a pesar de nuestros errores.

@teatrodelosciclos S.K.


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Dar a luz

Mientras Shalem duerme, siento que quizás en nueve meses sea madre.
Este niño será príncipe y pastor. ¿Cómo habrán de unirse la Corte de Siquem y la tienda de Jacob?
Si mis madres pudieran venir a verme, y darme consejo. Si mi tío Esaú me hablara de su unión con la cananea, la crueldad de mi abuela con sus nietas, y mediara para que la historia no se vuelva a repetir.
Y si yo muriera, en el parto, o de unas fiebres, ¿qué sería de mi niño en mi tierra?
Reina del Cielo, mantenme viva, ayúdame a dar a luz. Que no se quiebre la paz, ni el candor de nuestro amor.

@teatrodelosciclos S.K.

La matrona

Qué sagrado misterio oficio, que en mis manos se gestan la vida y la muerte, sin que penda de mí.
Un misterio, así es. Ni sé cuántos relojes de arena habré de voltear, ni cuántos paños tendré que lavar antes de que acontezca el último grito, el último empujón de la madre al romperse en mis brazos. En ese momento en el que no sé si mirarla a ella o al niño. En ese instante en el que rápidamente corto el cordón y hago al bebé respirar. En ese momento, alguna fuerza me posee, me ayuda. Y yo rezo al envolver al niño en su toga, limpio la sangre, unjo de aceites a la madre, pruebo su fiebre y doy gracias, y sonrío. El ritmo se para. El mundo cesa de girar. Siempre es un milagro. No puedo vivir algo así de otra manera. El esfuerzo, bien vale la paz.

@teatrodelosciclos S.K.

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Raquel, o el deseo de ser madre

Tanto amor, y no fecunda.
Tantas noches favorita en su lecho, y vuelvo a sangrar.
Tantos vientres he bendecido, y no puedo bendecir el mío. ¿Qué me va a consolar?, ¿El niño que yo entrego a los brazos de otra madre?, ¿la sonrisa de mi esposo cuando ensalza un hijo que no es mío?
Esta angustia puede conmigo, llena mis días de oraciones a la Reina del Cielo, libaciones a las tierras sagradas, y alimentos que calman mi aflicción.
Voy con mis hermanas, me rodean los niños, pero sola estoy. Sola y avergonzada ante mi amado, con el que ni cuando deseo puedo estar.
Soledad que me duele dentro, si en la plenitud del Sol dorado, quiero dar fruto.

@teatrodelosciclos S.K.

Rebeca, la madre que divide

Si yo les parí, yo decido cuál es el primero.
Si las costumbres no me lo permiten, yo conseguiré que mi propio hijo reclame su lugar. Si el oráculo me lo ha revelado, yo sólo obedezco la voluntad de Dios.
No hay lugar para la misericordia. No hay lugar para mirar atrás. Lo he visto en mis sueños, y nada puedo cambiar. Jacob es el primero. Lo dicen los hechos, lo dicen sus ojos, lo dice nuestra ley.
No entrarán cananeos en nuestra estirpe. Pervivirá nuestra tradición, y será en Jacob.

@teatrodelosciclos S.K.

La madre protectora

Más allá de aquella roca, no debo ir sin mi hermano. Mi hermano José, se convierte en los ojos de mi madre, me lleva de la mano de su amor.
Durante los pocos minutos que mi madre tiene para mí, le gusta peinarme. Acaricia mi pequeña cabecita y la gira para mirarme con ojos sonrientes; y yo comprendo, adivino en su mirada, que hay algo en ella que se diluye en todo lo que hace.
Ella está en todo. Ella es todo. Todo lo que me sostiene. Todo lo que me quiere. Por eso sé que puedo atravesar las aguas del río sin ahogarme.
Por eso sé que la luna nueva está aquí, acogiéndonos en la tienda de mis madres, preparándonos para un nuevo camino. Ella es mi madre.

@teatrodelosciclos S.K.

Ciclo de la madre y la matrona

La Tienda Roja es un refugio, un hogar en el que se vivencian los tránsitos de la vida y la muerte de las mujeres, y se pasa el testigo de unas a otras. Es una escuela de aprendizaje de los misterios femeninos. La que ha parido, ayuda a parir; la que ha amamantado, cubre con ugüentos el pezón de su hermana; la que se ha enamorado, acude para saber qué sucederá cuando se una en matrimonio… La tienda es el templo femenino que un día dejó de transmitir y se silenció.
En la novela La Tienda Roja Raquel y Dinah son las parteras de la familia de Jacob. Son madres y matronas. Todas las mujeres de La Tienda Roja son también madres, educadoras que organizan la vida de la tribu, con un papel fundamental en los primeros años de vida de sus sobrinos, hijos y nietos. También son madres que ven a sus hijos seguir su propio camino, y tomar sus propias decisiones; o que deben acatar las decisiones de los hombres, en un mundo patriarcal.
Todos los capítulos, todas las páginas de la novela, nos hablan de la madre.
La madre es una mujer que da fruto y cuida de un ser humano, completo y luminoso. Ella es partícipe de la Divinidad gestante en su cuerpo, mente y espíritu.
Asimismo, en estos días, celebramos que el Sol ha terminado de dorar la cosecha, al haberse mantenido en el culmen de la luz durante más de un mes.

Los monólogos del arquetipo de la madre son:

La madre protectora.
Rebeca, la madre que divide.
Raquel, o el deseo de ser madre.
La matrona.
Dar a luz.

@teatrodelosciclos S.K.

¿Quién comprende mi dolor?

Me duele el alma, y de ese dolor mi cuerpo se esforzó en parir.

Mi corazón hecho pedazos se recompone, con cada hierba que cojo, en las orillas del río que antaño anhelaba.

Así dejé partir a mi hijo. Así, quiero Benia que te vayas.

Que nada me separe de mi anhelado sosiego, que nada me recuerde mi dolor.

Si ahora soy libre, algo sigue preso dentro de mí.

Soy errante, y fugaz fue mi dicha como una estrella, ¿qué habría yo de darte?, ¿un rostro apagado a un corazón tan grande?

@teatrodelosciclos S.K.

Yo elijo

Dulzura nunca antes hallada,

tus ojos contemplan los míos.

El sí que nos dimos al vernos,

selló la alianza verdadera.

¿Tan distinto eres a mí?,

¿soy yo diferente a tí?

Si un hombre bueno no puedo elegir,

¿qué elegiré yo en mi vida?

Contigo encontré mi único destino,

adiós a mi pueblo, Shalem, abrazo tu tierra

como mía, pues a ella llegué.

En Siquem recibí tu abrazo, el agua de los pozos que alimenta a mis madres, a mis hermanos, a mi padre.

¿Será verdad que una mujer de Israel conquistó Siquem? Partera convertida en princesa. La única hija de Jacob, coronada, recibe la bendición.

@teatrodelosciclos S.K.

Mi madre Raquel me hizo partera

La que pare, y la que recibe la vida.

Acudo a la llamada, preparo el camino.

Eres el principio. Espero al final.

Recibo a tu hijo, y sano tu herida.

Así somos hermanas, uniendo cielo y tierra.

Asath nos bendice.

Mi madre Raquel me hizo partera. Su madre lo fue. Los gemidos de mi madre, aplacaron su envidia. Su maestra la siguió. Mi partera me devolvió mi lugar; y así nacemos unas de otras, renovando el compromiso.

Tocamos nuestros cuerpos y almas, libación en nuestros vientres, cantos de tránsito, risas de dolor y alegría. Lo más sagrado, hecho realidad.

Sí, partera soy, bendita la vida, pura cuando emerge, llena de misterio.

@teatrodelosciclos S.K